La soja interacciona con determinados medicamentos y puede dar lugar a un aumento de sus efectos adversos como por ejemplo: haloperidol, fenitoína ( antiepiléptico), clozapina (antipsicótico), warfarina (anticoagulante) e ibuprofeno (antiinflamatorio).

Además es reciente la publicación de interacciones entre las dietas ricas en soja e incrementos en las concentraciones plasmáticas de olanzapina (tratamiento de la esquizofrenia y trastorno bipolar), celecoxib ( antiinflamatorio), zafirlukast (usado en el tratamiento del asma bronquial), ya que la ipriflavona que contiene la soja es un inhibidor de las isoenzimas 1 A2 y 2C9.
Muchos ancianos con demencia senil o Alzhaimer son tratados con haloperidol y alimentados a su vez con batidos cuya base es la leche de soja situación que la mayoría de los médicos desconoce.
En combinación con el tratamiento basado en el tamoxifeno, la soja puede, por su propiedad estrogénica, anular la acción terapéutica de un tratamiento cuyo objetivo es combatir al cáncer de mama. El tamoxifeno reduce el nivel de estrógenos de forma que controla el cáncer de mama cuando éste ya se halla diagnosticado. Por tanto, la soja contrarresta este efecto, haciendo inútil la terapia.
Lo que sucede es que si aumentamos mucho los niveles de fitoestrógenos, estos tienden a competir por el receptor del tamoxifeno (mismo para estrógenos internos) por lo que se pierde el efecto de la droga.
Podemos ver que la soja no es un cereal inocuo y que debemos estar atentos a la cantidad de soja que consumimos y a los medicamentos que estamos tomando. Ante cualquier duda consulte con su químico farmacéutico o su médico.

